No hay sombra en la ventana
No recuerdo ni por qué estoy corriendo. Perdí la esperanza desde el momento en que dudas y me llamas mentiroso. Mentirte a tí. No lo he hecho ni lo haré jamás. Pero el hielo de los vasos siempre acababa derritiéndose. Hasta la chica que perseguía a los cantantes de moda se cansó de gritar y reír al apagarse las luces. Recibí dos consejos: en todas las botellas el tapón gira en el mismo sentido, y por mucho que saltes de azotea en azotea nunca conseguirás el primer premio; hay cientos, miles de hormiguitas esperando su turno. Así que adelante, cuélgame, rómpeme, clávame agujas. Estoy cubierto de unos y ceros, y el cristal que ves es irrompible. Una pista: tan sólo tienes que leerme. Un poco más abajo. Ahí estás, entre línea y línea, en todos los post, sin tu coraza ni mis ganas, no ha pasado tanto tiempo. En el instante exacto en que brindo a tu salud, en esas marcas que dejan las copas en la mesa.
Esta noche quiero ver a qué sabe tu olvido.
Esta noche quiero ver a qué sabe tu olvido.

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