Viento a favor
Mi princesa baila a metro y medio de distancia. Estamos solos en el bar, porque los demás no me importan. Yo estoy junto a la barra y la última copa empieza a quedar demasiado lejos. Supongo que debo de tener una expresión ridícula, pero no deseo estar en ningún otro lugar. Venir a este sitio ha sido idea suya; mientras los demás hacían sus planes me dijo simplemente “me apetece quedarme”. Yo en aquel momento no sabía muy bien a qué se refería, todavía no lo tengo del todo claro. Pero estaba preciosa con el pelo cayéndole sobre la cara de forma estudiada y casual. Yo, tras dos o tres frases sinceras ya bajo la guardia. Esa clase de cosas siempre me desarman, y ahora estando a su lado y mirándola mientras se mece me siento descender por un camino desconocido, sin tener muy claro qué voy a encontrar al otro lado. Sonríe con alma de gata y al instante desarma todos los argumentos secretos, mi pequeña colección de excusas no improvisadas para permanecer un minuto más junto a su calma salvaje. Por un instante parece volver a nuestro mundo, aterriza suave y me hace partícipe de la situación con un gesto. El tiempo es elástico y parece haberse detenido, ahora sólo necesito que la canción no termine nunca. Supongo que me gustaría conocer lo que pasa por su cabeza, poder compartir dos días seguidos a su lado. Jugar con su pelo, ser consciente de que está ahí, cerca.
Abrazados. Y la sensación es similar a volver a ponerse en pie tras besar la lona: eres perfectamente consciente de que todo se acabará si permaneces tumbado, pero esa no es la forma. No estamos aquí para quedarnos en el suelo, aunque sin duda todo nos iría mejor. Así que de nuevo huimos del camino fácil, adentrándonos en la espesura del bosque a pesar del olor a humo.
Pero sé que los hechizos se deshacen como dibujos en la arena; así que disfrutaré del momento antes de que se evapore.
Sonríeme desde el otro lado del precipicio. Sólo así seré capaz de atravesarlo de un salto.
Abrazados. Y la sensación es similar a volver a ponerse en pie tras besar la lona: eres perfectamente consciente de que todo se acabará si permaneces tumbado, pero esa no es la forma. No estamos aquí para quedarnos en el suelo, aunque sin duda todo nos iría mejor. Así que de nuevo huimos del camino fácil, adentrándonos en la espesura del bosque a pesar del olor a humo.
Pero sé que los hechizos se deshacen como dibujos en la arena; así que disfrutaré del momento antes de que se evapore.
Sonríeme desde el otro lado del precipicio. Sólo así seré capaz de atravesarlo de un salto.
