De privilegios y privilegiados
Empieza un nuevo año, nuevas expectativas, nuevas ilusiones. Deseas que algunas cosas cambien, que otras se queden como están. Pero hay una cosa en concreto que espero que nunca cambie: mi intuición y mi capacidad de conocer a la gente; me considero un privilegiado.
Un privilegiado porque desde muy niño me acostumbré a dar consejos, no de una forma pedante, sino bien pensados, analizados, nada de hablar por hablar. Y de entre toda mi temática de consejos solían destacar los relacionados con amores, desamores, formas de actuar, de cómo hacer las cosas, de como no hacerlas. Conozco muy bien a la gente, no me cuesta mucho, es difícil sorprenderme. La primera norma es básica: los hombres somos muy simples y las mujeres muy complicadas. Partiendo de esa base y analizando las posibles variantes se hace el juicio.
Dentro de las relaciones de pareja veo las cosas tan claras que a veces hasta me enfado porque los protagonistas no las ven. Hacen cosas completamente absurdas y que para ellos es lo mejor que pueden hacer. Son errores importantes y para ellos es lo más normal, la única y lógica forma de actuar, y con el tiempo se demuestra el fallo, que a veces supone cerrar una puerta definitivamente. Asi que piensa las cosas antes de hacerlas porque hay equivocaciones que no tienen vuelta atrás.
También me considero un privilegiado porque conozco muchas chicas que valen la pena. Guapas, simpáticas, inteligentes, femeninas... todo cuanto se puede pedir. A veces están un poco desorientadas, le dan muchas vueltas a las cosas. Y la mayoría de las veces son cosas sencillas que quieren enredar. Privilegiado porque tuve la oportunidad de tener algo, más o menos importante, pero de tenerlo al fin y al cabo con muchas de ellas. Privilegiado porque sé que me aprecian y yo las aprecio, aunque muchas veces no de la misma manera.
Pero evidentemente no se puede ser un privilegiago en todo. Qué es lo contrario a un no-privilegiado? Un desgraciado? No, demasiado fuerte. Llámalo como quieras. Pero a veces pienso que tengo el problema de buscar un ideal, algo perfecto, y lo perfecto no existe. A cualquier defecto le doy demasiada importancia, a veces no es ni siquiera un defecto, hasta tal punto que soy incapaz de imaginarme al lado de otra persona. Sé que ni con alguien "quasi-perfecto" funcionaría. No por ella, si no por mi. Hay gente que tiene la cabeza llena de pájaros y no sabe a quién querer: sólo que tienen que querer y se lanzan al precipicio. Yo todo lo contrario; sé que no puedo querer, al menos por ahora. Además la única persona que podría curar esta desgracia ya está vendida.
En fin, no en todo se puede ser un afortunado.
Un privilegiado porque desde muy niño me acostumbré a dar consejos, no de una forma pedante, sino bien pensados, analizados, nada de hablar por hablar. Y de entre toda mi temática de consejos solían destacar los relacionados con amores, desamores, formas de actuar, de cómo hacer las cosas, de como no hacerlas. Conozco muy bien a la gente, no me cuesta mucho, es difícil sorprenderme. La primera norma es básica: los hombres somos muy simples y las mujeres muy complicadas. Partiendo de esa base y analizando las posibles variantes se hace el juicio.
Dentro de las relaciones de pareja veo las cosas tan claras que a veces hasta me enfado porque los protagonistas no las ven. Hacen cosas completamente absurdas y que para ellos es lo mejor que pueden hacer. Son errores importantes y para ellos es lo más normal, la única y lógica forma de actuar, y con el tiempo se demuestra el fallo, que a veces supone cerrar una puerta definitivamente. Asi que piensa las cosas antes de hacerlas porque hay equivocaciones que no tienen vuelta atrás.
También me considero un privilegiado porque conozco muchas chicas que valen la pena. Guapas, simpáticas, inteligentes, femeninas... todo cuanto se puede pedir. A veces están un poco desorientadas, le dan muchas vueltas a las cosas. Y la mayoría de las veces son cosas sencillas que quieren enredar. Privilegiado porque tuve la oportunidad de tener algo, más o menos importante, pero de tenerlo al fin y al cabo con muchas de ellas. Privilegiado porque sé que me aprecian y yo las aprecio, aunque muchas veces no de la misma manera.
Pero evidentemente no se puede ser un privilegiago en todo. Qué es lo contrario a un no-privilegiado? Un desgraciado? No, demasiado fuerte. Llámalo como quieras. Pero a veces pienso que tengo el problema de buscar un ideal, algo perfecto, y lo perfecto no existe. A cualquier defecto le doy demasiada importancia, a veces no es ni siquiera un defecto, hasta tal punto que soy incapaz de imaginarme al lado de otra persona. Sé que ni con alguien "quasi-perfecto" funcionaría. No por ella, si no por mi. Hay gente que tiene la cabeza llena de pájaros y no sabe a quién querer: sólo que tienen que querer y se lanzan al precipicio. Yo todo lo contrario; sé que no puedo querer, al menos por ahora. Además la única persona que podría curar esta desgracia ya está vendida.
En fin, no en todo se puede ser un afortunado.
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