Ausencia de fe
Siento tanto miedo que lo único que no me tiemblan son las ganas de escribir esto. Intentábamos el enésimo aterrizaje de emergencia volando con un solo motor y sin la gasolina suficiente. Nos mirábamos, sonreíamos, tratábamos aprender de memoria el manual de instrucciones, de retener cada segundo respirado junto al otro.
Entonces me abrazaste con fuerza como buscando un refugio. Yo me mecía despacio, aspirando tu aroma con intensidad. Había desesperación en aquel gesto, quería creer que en algun punto de tu clavícula izquierda se escondía la solución a todos mis problemas, pero no tenía la menor idea de dónde estaba la solución a tus propios problemas. En mi clavícula no, desde luego.
En ese instante sentí que probablemente ese era el final sin apenas haber empezado. Algo de lo que habíamos sido hasta entonces se perdió con ese abrazo. Ahora, seguiremos sin encontrar una salida a un laberinto que nosotros mismos hemos construído.
Y recorreré paso por paso el camino para volver al punto donde me abrazaste un día. Donde tomamos el desvío que nos ha traído hasta aquí.
Y cerraré los ojos sabiendo que no se pueden perder las cosas que nunca llegan a suceder.
Y escúchame atentamente. Yo nunca creí en cuentos de hadas ni en finales felices (ya sé que tú tampoco). No creí en amigos eternos, lágrimas de alegría o distancia cercana. Era incrédulo con treguas, diálogo, alianzas o idiomas comunes, desconfiaba con igualdades reales, con amor verdadero y felicidad a sorbitos para siempre. Ahora creo en todo ello. Aunque haya quien crea que sólo son cuentos, yo sé que puedo confiar ciegamente en ellos, si en ellos, y en mi, confías tú.
Entonces me abrazaste con fuerza como buscando un refugio. Yo me mecía despacio, aspirando tu aroma con intensidad. Había desesperación en aquel gesto, quería creer que en algun punto de tu clavícula izquierda se escondía la solución a todos mis problemas, pero no tenía la menor idea de dónde estaba la solución a tus propios problemas. En mi clavícula no, desde luego.
En ese instante sentí que probablemente ese era el final sin apenas haber empezado. Algo de lo que habíamos sido hasta entonces se perdió con ese abrazo. Ahora, seguiremos sin encontrar una salida a un laberinto que nosotros mismos hemos construído.
Y recorreré paso por paso el camino para volver al punto donde me abrazaste un día. Donde tomamos el desvío que nos ha traído hasta aquí.
Y cerraré los ojos sabiendo que no se pueden perder las cosas que nunca llegan a suceder.
Y escúchame atentamente. Yo nunca creí en cuentos de hadas ni en finales felices (ya sé que tú tampoco). No creí en amigos eternos, lágrimas de alegría o distancia cercana. Era incrédulo con treguas, diálogo, alianzas o idiomas comunes, desconfiaba con igualdades reales, con amor verdadero y felicidad a sorbitos para siempre. Ahora creo en todo ello. Aunque haya quien crea que sólo son cuentos, yo sé que puedo confiar ciegamente en ellos, si en ellos, y en mi, confías tú.

0 Comments:
Publicar un comentario
<< Home